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MANUEL BENEDITO Y VIVES

Valencia, 1875 - Madrid, 1963

MANUEL BENEDITO Y VIVES

Desarrolla su formación pictórica en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos en Valencia, ampliando sus conocimientos de la mano del maestro Joaquín Sorolla, con quien viajará a Madrid, donde demuestra su faceta como ilustrador para Blanco y Negro y la Revista Moderna. 

Desde 1900 a 1904, estuvo pensionado en la Academia de Bellas Artes de España en Roma, que dirigía Mariano Benlliure. Durante esta estancia realizó numerosos viajes a Francia, Bélgica y Holanda. En la Bretaña francesa, realiza obras como Pescadoras bretona”, considerada entre lo mejor de su producción. De nuevo en España, aborda un género más rural, inspirado en su estancia en Castilla; ejemplos de esta vertiente son sus lienzos El chico de la gallina, La vuelta de la montería o La Campesina.

Sin dejar de trabajar el paisaje y la naturaleza muerta, Benedito destacó por su labor de retratista, convirtiéndose en el pintor preferido de la alta sociedad madrileña y de la Familia Real. Resultan de especial interés sus retratos femeninos, como el de Cléo de Mérode o La duquesa de Dúrcal. Junto a estos retratos más formales, representa también a mujeres del espectáculo, castizas y gitanas como La Gavilana o Pastora Imperio.

Benedito está considerado como uno de los pintores más relevantes de la pintura valenciana de la primera mitad del siglo XX. Ostentó una notable posición dentro del panorama artístico y cultural de la época, siendo nombrado asesor artístico de la Real Fábrica de Tapices, académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, entre otros reconocimientos.  

MANUEL BENEDITO Y VIVES EN LA REAL FÁBRICA DE TAPICES

Benedito, en línea con otros grandes maestros que le precedieron en esta labor, colaboró estrechamente con la Real Fábrica de Tapices. En 1918 sería nombrado asesor artístico de la manufactura, ascendiendo pronto al cargo de director artístico.

Para su ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en 1924, escribe su discurso El Porvenir de la Real Fábrica de Tapices y Alfombras de Madrid, en el que realiza un alegato de defensa del arte de la tapicería. Propone un programa de recuperación del antiguo esplendor de la fábrica basándose en la revitalización del oficio del tejedor y en una correcta interpretación de la pintura para traspaso a tapiz, que implica una recuperación de la noción del cartón. De este modo, llevó a cabo destacadas obras para servir como modelos de tapiz: Vuelta de la montería, considerada una obra de referencia en la producción de la RFT durante el Siglo XX, o Corzo.

Su papel como director artístico contribuyó a que la Fábrica alcanzara un gran nivel de excelencia en todos los sentidos y a que se modernizara según los gustos de la sociedad española.